martes, 1 de febrero de 2011

Mejor correr que llorar.


Demasiado tiempo sin escribir, y tanto que contar...
Decidí crear un blog para desahogarme.
Desahogarme en esos momentos en los que lo único que deseas es correr.
Corres y corres, e incluso tanto que deseas volar. Dejas tu melena al vuelo, cortas el aire con tu propio cuerpo, tienes la mirada tan pérdida que ni pestañeas, respiras profundo y paras.
Paras, apoyas las manos en las rodillas, cierras los ojos, suspiras y desapareces.
Desapareces, esa es la cuestión. Moverse a cámara lenta mientras lo que nos rodea se mueve.
Se mueve tan deprisa que es capaz de paralizarte más, tanto que incluso empiezas a dejar de notar tus extremidades, un pequeño escalofrío recorre tu cuerpo, y cada vez te cuesta respirar más...
Es ahí, cuando de repente, notas como una gota de agua te cae. Resbala por tu cara y notas ese cosquilleo tan característico al recorrer tu cuerpo.
Miras hacia arriba, las pequeñas y numerosas lagrimas no cesan. El cielo está triste.
Agradeces esa tristeza con una sonrisa. Una de esas sonrisas que dan paz, que transmiten tranquilidad.
Sin darte explicaciones, descubres que algo ha cambiado.
Eres diferente, te sientes diferente.
Como lo diría...eres, eres...eres más tú.
Tú, es tú momento, sin ningún tipo de tapujo.
Libre.
Incluso tan libre como el pájaro que deseabas ser en un principio.
Has aprendido a volar, a mover las alas y sentir esa sensación de libertad que no todo el mundo es capaz de encontrar.
Eres afortunada. Lo sabes, ¿verdad?